La última siesta del día suele ser una de las que más dudas genera a las familias.
A veces parece que tu bebé la necesita: durante la tarde está cansado, irritable y parece imposible llegar a la noche sin dormir.
Pero otras veces ocurre justo lo contrario: haces esa siesta y después la hora de dormir se convierte en una batalla.
Entonces aparece la duda:
¿Sigo ofreciéndole esa siesta o ha llegado el momento de eliminarla?
La respuesta no depende únicamente de la edad. Hay que mirar cómo encaja esa siesta dentro del descanso de todo el día y cómo está afectando al sueño nocturno.
¿Para qué sirve la última siesta?
La última siesta puede ayudar a que el bebé llegue al final del día con un nivel de cansancio que pueda gestionar.
Especialmente cuando todavía necesita varias siestas durante el día, eliminarla demasiado pronto puede hacer que llegue a la noche excesivamente cansado.
Cuando un bebé que llega demasiado cansado puede estar más irritable, más activo, protestar más o tener más dificultades para relajarse.
Por eso, antes de eliminar la última siesta, conviene observar qué ocurre cuando no la hace.
¿Y cuándo empieza a sobrar la última siesta?
También puede ocurrir lo contrario.
Tu bebé empieza a necesitar más tiempo despierto y esa última siesta comienza a interferir con el sueño nocturno.
Puedes observar algunas de estas señales:
- tarda mucho más en dormirse por la noche
- llega a la hora habitual de dormir sin demasiado sueño
- empieza a rechazar esa siesta
- necesita cada vez más tiempo despierto después de esa siesta;
- la hora de acostarse empieza a retrasarse demasiado.
¿Cómo sé si realmente está preparado para eliminarla?
Una señal aislada no suele ser suficiente.
Que un día no quiera dormir esa siesta no significa necesariamente que haya llegado el momento de eliminarla.
Puede haber días diferentes por muchísimos motivos: una noche peor, más actividad, cambios de rutina, una salida, enfermedad, etc.
Lo interesante es observar el patrón durante varios días.
No hay por qué eliminar la siesta de un día para otro
Esta es una de las cosas que más puede ayudar a las familias.
Durante las transiciones es muy habitual que haya días en los que el bebé todavía necesite esa siesta y otros en los que pueda prescindir de ella.
No tiene por qué ser un cambio de un día para otro.
Puede haber días en los que haga una siesta corta y otros en los que no la necesite.
También puede ser útil ajustar la duración de esa última siesta para que funcione como un pequeño descanso sin desplazar demasiado el sueño nocturno.
La clave es observar qué necesita ese día concreto y cómo repercute en el resto de su descanso.
¿Qué pasa si la elimino demasiado pronto?
Si tu bebé todavía necesita ese descanso en la tarde y la eliminamos simplemente porque “por edad ya debería estar preparado”, podemos encontrarnos con un bebé que llega a la noche demasiado cansado.
Y entonces pueden aparecer:
- irritabilidad;
- dificultad para relajarse;
- dificultad para conciliar el sueño;
- aumento de despertares.
La pregunta no es “¿a qué edad se elimina?”
Aunque la edad nos da una referencia, no debería ser la única variable que utilicemos.
La pregunta más útil es:
“¿Qué está ocurriendo con mi bebé cuando hace esta siesta y qué ocurre cuando no la hace?”
Porque dos bebés de la misma edad pueden tener necesidades de sueño diferentes.
Y una transición que para un bebé ocurre rápidamente puede ser mucho más gradual para otro.
¿Y si no sabes qué hacer con las siestas de tu bebé?
Cuando llevas tiempo ajustando horarios, probando diferentes siestas y sin saber si estás haciendo demasiado, demasiado poco o simplemente en el momento equivocado, es normal sentirse perdida.
En mis planes de sueño no buscamos aplicar un horario genérico, sino analizar cómo está durmiendo tu bebé, qué puede estar influyendo y qué cambios pueden tener sentido en vuestro caso.
Si quieres que te ayude a encontrar una distribución del sueño que se adapte a vuestro momento actual, puedes conocer aquí mis planes de sueño




